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14 mayo, 2011

El Amor es Levedad

Marc Chagall, "Volando Sobre la Ciudad" (1924)

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! - y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡ pierden el tiempo las que pretenden seducirme! Está fue - y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Que me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Que me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronostico reservado? ¡ María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡ María Luisa! ¡María Luisa!...y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrisaje forzoso de un espasmo.
¡Que delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.
Oliverio Girondo, 1 de "Espantapajaros" (1932)

Marc Chagall "El Paseo" (1917)

27 febrero, 2011

El Peso del Cuerpo

La corta dulzura, ese instantente que promete ser eterno en su fugacidad..
La dulce levedad del ser.. de ser.
La dulce levedad de ese momento en el que te tengo en mis brazos
La dulce liviandad de saber que no te tengo mas, no te cargo, no te llevo
La dulzura de tus labios en contraste con la amargura de tus mentiras

La soledad, constancia verdadera y absoluta, aquello real.
Detras de toda compañía esta ella, mi amante en esas atormentadoras desventuras.

04 mayo, 2010

Un Sol

Mi corazón es como un dios sin lengua,
Mudo se está a la espera del milagro,
He amado mucho, todo amor fue magro,
Que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
Pero yo espero algún amor natura
Capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto
Y me haga brotar ramas sensitivas,
Soy una selva de raíces vivas,
Sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
Distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En dónde está el espíritu sombrío
De cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
Yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida...
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.

Alfonsina Storni

16 febrero, 2010

Toco Tu Boca

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.


Capitulo 7 - Rayuela

Julio Cortazar

23 octubre, 2009

Introducción a Monografía sobre Las Vírgenes Suicidas de Jeffrey Eugenides

La vida como un enigma en el que las respuestas se encuentran en nosotros. La adolescencia, el conflicto, la imposibilidad, el que parezca infrahumano continuar. Suicidio como final y comienzo.
Final de una vida.
Comienzo de un misterio.

La juventud, la femineidad, las imágenes como polaroids de momentos al azar, que gatillan emociones fugaces, un rush de melancolía. La inmortalidad, viviendo en el recuerdo de alguien hasta el fin. La magnitud de una persona en otra, su influencia, su marca eterna. La magnitud de dos, tres, cuatro, cinco hermanas en un suburbio clásico de los Estados Unidos. Las chicas Lisbon, un verano que se construirá y reconstruirá una y mil veces más en la imaginación de estos chicos, ahora adultos. Sus vecinos, sus acosadores, ahora guardianes de su recuerdo, amantes de su vital imagen.


Envueltas en misterio para la eternidad; Therese, de 17, Mary, 16, Bonnie, 15, Lux, 14 y Cecilia, de 13. Hijas de una madre muy conservadora y estricta; la señora Lisbon es la cabeza de la casa. Por otro lado, esta el señor Lisbon, un profesor de matemáticas, callado, tranquilo y solo, como único hombre en la familia. Sus hijas, sin que nadie lo pueda comprender, fueron diosas en la tierra, imágenes de la perfección, de la belleza terrenal. Pero siempre se encontraron tan alejadas, aisladas por su absorbente madre. Y así comienza la obsesión, la idealización, que llevará a estos hombres a investigar y ahondar en el pasado incierto, en las interrogantes sin respuesta, en una historia que parecería irreal sino fuera porque ellos la vieron suceder enfrente de sus ojos.

La oposición, los contrastes. Personalidades, personas. La interacción, el contacto, estar con otro, aprender. Sentir y tocar, hacer el amor o la relación carnal, enamorarse y perderse; existir, no existir. Estar sin estarlo, no estar más. Arriesgar todo o no arriesgar nada… conformarse, desaparecer. La inmaterialidad de un recuerdo, la imaginación, la fantasía. La intuición, la percepción, la interpretación. La virginidad, el suicidio.

Esta obra de Jeffrey Eugenides nos muestra la cruel verdad de la adolescencia. Algo que se puede notar en las simples palabras de Cecilia luego de su primer intento de suicidio, al encontrarse con el doctor. Este le pregunta cómo una niña tan joven, que aun no ha sufrido las asperezas de la vida, se ve envuelta en esta situación.
Aparentemente doctor, usted nunca ha sido una joven de trece años” le responde ella con completa naturalidad.